Azal biguna, 408 orrialde
gaztelania hizkuntza
La Esfera de los Libros(e)k argitaratua.
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Los asedios, de Numancia a Stalingrado, dejan siempre una cicatriz imborrable en la memoria de los pueblos. El que sufrió Bilbao durante la Segunda Guerra Carlista, el cuarto en lo que iba de siglo, no solo modificó su piel, sino que confirmó su título de «Invicta Villa».
En febrero de 1874, las tropas carlistas pusieron bajo sitio la ciudad vasca en lo que terminó por ser una pesadilla de dos meses interminables para los defensores. Envalentonados por varias victorias en este frente, los seguidores Carlos de Borbón y Austria-Este vieron en la plaza vizcaína, clave por su pujanza económica, la vía rápida para ganar crédito internacional e impulsar su causa. Para ello no escatimaron en crueldad, bombardeando con saña iglesias y hospitales. El sufrimiento y el heroísmo de sus habitantes se tradujeron en una victoria clave para una Primera República moribunda que resistía a duras penas a sus muchos enemigos.